Con la familia dormida...

La vida es muy solitaria. No todo el mundo puede estar presente para todo su entorno, de hecho deberíamos ser millonarios para poder comprar esas horas de trabajo para dedicarlas a toda persona que queremos y que no viva con nosotros.
La vida se vuelve solitaria siempre que nos esforcemos por darle a nuestra familia lo que la hace feliz cueste lo que cueste. Nos duele ver que nuestros hijos o pareja no logren aquello que se proponen o no consigan las cosas que quieren o necesitan, sin embargo no nos damos cuenta de que la frustración que genera el no lograr algunas metas que nos proponemos es algo natural de la vida, algo con lo que debemos convivir toda la vida.
La vida se vuelve una carga cuando dejamos de darnos nuestro momento, dejamos de hacer respetar que cada uno necesita su espacio, cada vez que permitimos que no se valore aquello que es importante para nosotros. Es una carga pesada ya que cada día que pasa va aumentando con todas esas cosas nuevas que pasan. Este ciclo concluye destruyendo la voluntad de crecer, avanzar y de superarse, dejando como único placer el ver sonreír a nuestros hijos o el disfrutar del pequeño y dulce sabor de ver un nuevo día amanecer por la ventana.

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